ALÁMBAR (del ár. «´Al, ̔el» y «‘ánbar,  ̔cachalote̕ »)

m. Deseo superficial e irresponsable de conocerse a uno mismo que facilita la propagación de nuevas religiones.

Su significado proviene de la pacífica ocurrencia del taifa de Sevilla Al-Mu`Tamid quien, hinchado de victoria y convencido de su superioridad intelectual, propuso aplacar con bufonadas y no con las armas la creciente oleada de religiones alternativas al islam. Entre ellas no sólo estaba la cristiana, si no también algunas voces minoritarias que alertaban de la posibilidad de un espíritu no inclinado hacia el monoteísmo conocido. El dictamen bufónico, del que sí se conserva un ejemplar, instaba a los poetas de la Taifa a burlarse abierta y públicamente de la inconsecuencia espiritual de todo aquel que no predicase el islamismo.

El Alámbar alude originariamente al ámbar gris, sustancia preciosa y muy escasa que se encontraba en ocasiones en los intestinos del cachalote del pacífico. Con este sentido, el Alámbar era aquello que ardía en el estómago de los impíos y que rara vez llegaba a buen puerto.

La primera documentación del vocablo la encontramos en una colección de versos satíricos en la biblioteca privada del rey Al-Mu’Tamid. Algunos estudiosos apuntan la autoría del propio monarca, poeta aficionado, pero lo cierto es que no se puede saber con exactitud ya que los versos son anónimos y su caligrafía no revela personalidad alguna.

En la actualidad, los detractores de la New Age han querido ver en  los mosquitos encerrados en la resina fósil el símbolo de este deseo fácil.

MOFLIR

intr. Acto de humillar a los niños pinzándoles y zarandeándoles el cachete.

ESTRÍGIL

n.p. Roberto Estrígil. Plomero, humanista, psicólogo y líder zamorano que dio nombre a la revolución de Estrígil.

Durante los años 80 la consulta del Dr. Estrígil se saturó de mercaderes minoristas que no lograban identificar el origen de sus constantes descargas de electricidad estática. Desconcertado por el fenómeno y una vez descartados los remedios caseros con humidificadores, cremas, alhajas metálicas, suelas de cuero o vinagres en los lavados, Estrígil propuso como medida provisional la implantación de un dispositivo grifoso a la altura del estómago con el fin de unir a los afectados y equilibrar su carga. La llave tenía una boca de salida y otra de entrada que a su vez se acoplaba al grifo de otro individuo afectado. De esta manera, conectados entre sí, los pacientes sentían una clara mejoría y las descargas disminuyeron notablemente. Al poco tiempo comenzaron a reunirse en grupos cada vez mayores y la venta de válvulas se disparó. La empresa encargada de su fabricación no tardó en darse cuenta del negocio y los precios se incrementaron de forma abusiva, imposibilitando su adquisición a la gran mayoría de minoristas y convirtiéndola en un objeto muy preciado para los coleccionistas de todo el mundo, que las compraban a precios desorbitados. Las protestas no se hicieron esperar, y las reuniones de los pacientes se transformaron pronto en mítines violentos de afectados por la subida de los precios en las válvulas. El Dr. Estrígil, que ya había bajado sin éxito los precios de su consulta, se unió a las protestas con la intención de realizar terapia de grupo y calmar los ánimos maltrechos de los minoristas, pero terminó haciendo todo lo contrario.

Finalmente, el 25 de Julio de 1992, coincidiendo con la apertura de los juegos Olímpicos de Barcelona, un nutrido grupo de minoristas zamoranos liderados por Roberto Estrígil, bajo el grito ¡abajo los camiones! asaltaban la fábrica de válvulas castellanoleonesa y se encerraban para reclamar la restitución de los precios.

El bloqueo duró cinco días, al sexto día el ejército detuvo la revuelta y condenó a Estrígil a cadena perpetua, donde hoy continúa con cuatro denegaciones de indulto. Sus memorias, La verdad sobre la revolución electroestática, se publican regularmente en la editorial Agar Agar, especializada en retratos carcelarios.

CRISMARSE

prnl. Estado incómodo del infante cuando es moflido.

A diferencia de los adultos, a quienes se les supone una mayor capacidad para gestionar las afrentas, los niños descubren sentimientos confusos cuando se les mofla. El contexto externo de festividad en el que suele realizarse la acción les informa del alborozo que acompaña al pinzamiento, pero al mismo tiempo, esta invasión de la intimidad celebrada por todos sus congéneres, los aleja internamente de la fraternidad que la originó. Sin poder pronunciarse con claridad, el infante se avergüenza de sí mismo y rabia secretamente contra su invasor, se crisma.

Por extensión se aplica a aquellas personas adultas que, ya sea por timidez o falta de confianza, son incapaces de reaccionar frente a aquello que les disgusta, cayendo irremediablemente en la zozobra y el mal gusto interior.

AUCTOR, -A

n. Creador atragantado en su mismidad.

ATERICIA

n. Exposición gratuita de vocablos eruditos frente a uno o varios interlocutores con un interés menor en pericias etimológicas.

La Atericia es la principal patología del Auctor, quien azotado por su extraordinario mundo interior y por una dolorosa y acuciante necesidad de reconocimiento, busca su valor personal en la declamación pedagógica de variedades conceptuales. Lejos de afianzar el ánimo y estrechar con dinamismo sus relaciones afectivas, aquellos afectados de Atericia suman incansables un despropósito tras otro, logrando las más de las veces un abismo social sólo equiparable al de su reputación.

GÁRBOLI

n.p. Comunidad mínima descendiente de los Gárbolas, familia de pensamiento anarquista y organización matriarcal que fue llegando a las afueras de Sant Cor de les Boires a finales del siglo XIX.

La actitud fiera de Los Gárboli a la hora de defender la ideología de sus antepasados frente a la idiotización sin precedentes de sus vecinos, los desvinculó muy pronto de cualquier privilegio comunitario y, desde entonces, viven con alborozo entre cuevas y campamentos ligeros, escondidos e independientes.

A pesar de no haber cambiado de residencia durante dos siglos, los Gárboli se consideran nómadas. Cuatro veces al año, y siempre dentro del quilómetro cuadrado que ocupan sus tierras, las familias emprenden el éxodo estacional, una intensa marcha hacia el nuevo asentamiento que, además, sirve a la comunidad para homenajear aquel primer camino de sus ancestros los Gárbolas.

Los Gárboli son conocidos especialmente por haber fundado la agrupación terrorista Músate tú, organización que protege a las víctimas del musamiento, lincha a sus ejecutores y redefine el concepto de Justica Poética.

MUSAR

intr. Sustitución deliberada y anulatoria de un individuo real por otro imaginado con el fin de direccionar la creatividad.

Este proceso suele tener unas consecuencias desastrosas en aquel que es musado. Generalmente, el musamiento se produce de hombres hacia mujeres y atraviesa tres estadios en su desvío fantástico.

Se inicia con una fiebre intermitente de elevación que refuerza las características físicas -ahora extraordinarias- del individuo seleccionado. Continúa con la exaltación de las aptitudes personales y termina con una síntesis monstruosa de las dos dimensiones, alejando al objetivo real hasta convertirlo en un ser deforme pero insistente y atractivo.

El origen de esta práctica se relaciona con el nacimiento de la agricultura, cuando el hombre, lleno de ocio y de exceso vegetal, comenzó a utilizar cuanto tenía alrededor para calmar su sed de infinito.

En Europa, alcanzó su máximo esplendor en la edad media, con la poesía trovadoresca. Durante los siglos que le sucedieron el musamiento fluctuó de la mano de los ilustrados, los románticos y los realistas y, aunque nunca volvió a alcanzar la altitud de aquellos años, a día de hoy todavía sobreviven sus aberraciones.

VEER

m. mantra mediterráneo que acompaña el proceso autocompasivo.

El Veer no busca la protección y el sosiego de la mente, si no todo lo contrario, ahonda en los aspectos miserables de la conducta y procura el desmayo por angustia, revirtiendo al alma sobre sí misma y conduciéndola hacia dinámicas baldías en las que sólo es real la tiniebla. Las fórmulas silábicas varían dependiendo de su localización geográfica, no obstante, todas las estructuras son variaciones del mismo patrón: Dolor meus meritus / non me mai fugite.

ZUZAR

intr. Presión intermitente que realizan los gatos con las almohadillas delanteras sobre el cuerpo de sus guardianes.

En su alarmante tesis El amasado sacrificial en los felinos domésticos, la zoóloga y antropóloga Amanda Piernas puso de manifiesto que el zuzar de los gatos no venía de una memoria pacífica y placentera de lactancia, como se había creído hasta entonces, si no que forma parte de un complejo sistema ritual que busca someter progresivamente el espíritu del ser humano para ofrendarlo al dios Rurrú. Según Amanda, cuando tu gato empieza a zucirte ya es demasiado tarde, nuestro espíritu ya se ha vinculado a Rurrú. Puedes oír a tu mascota evocar su nombre e iniciar el sacrificio cada vez con más intensidad. Romper el zucido sólo estrecharía el vínculo y aceleraría la ofrenda, como sucede con los pulgones y las hormigas.

Las hormigas cultivan granjas de pulgones en sus hormigueros para ordeñarlos y extraer de ellos una especie de jalea que utilizan para alimentar a la reina. Cuando el pulgón no se comporta como es debido, cuando entorpece o sabotea el ordeño, las hormigas encargadas del orden en la colonia acaban con él y lo sustituyen.

El descubrimiento de Amanda Piernas no dejó indiferente a nadie y rápidamente se convirtió en trending topic. La amenaza felina hizo que miles de familias abandonaran a sus mascotas y que otras tantas se organizaran en protectoras de rescate. Frente a aquella radicalización de la opinión pública, Amanda, antes de desaparecer, sentenció en su último tweet: Dejad de hacer el imbécil. Hay mil maneras de vender tu alma al diablo, y ofrecérsela a Rurrú no está entre las peores. Acompañó el texto con una foto en la que aparece ella tumbada y sus tres gatos en pleno zucido.

RURRÚ

m. Dios soberano de todos los felinos.

En la cultura gatuna, la creación sólo puede tener lugar a través del sacrificio primordial. De esta manera, cada espíritu humano ofrendado a la deidad posibilita el nacimiento de un nuevo animal, por eso los gatos zucen.

Rurrú es hijo de sus hijos y, ellos, a su vez, son engendrados por él. Su fecundidad está supeditada a la existencia de sus crías y viceversa. De su genealogía se extrae que Rurrú apareció por primera vez al mismo tiempo que el primer gato, por eso se dice que el primer gato fue Rurrú; y que volverá a aparecer para acompañar al último gato de la tierra, para cerrar el ciclo felino. De ahí que a Rurrú también se le conozca como el primer y último felino.

Conscientes de esta relación esencial, las representaciones de Rurrú, quizá por ser los finales más sugerentes que los principios, no se remontan al origen si no al final. Su imagen suele mostrar el cuerpo de un gato ligeramente sobredimensionado, con la cabeza ladeada, mirando al que mira, y con dos ojos que son dos granadas abiertas. Su cola tiembla, como si dijera su nombre, y tiene el brillo de la piel de la serpiente. Suele estar en el límite de un terreno asfaltado que pronto se convierte en camino de bosque.

MERGÁNSAR

m. psi., «síndrome de Mergánsar». Defensa irracional y contraproducente a la hora de proclamar ideales políticos que nada tienen que ver con la realidad moral y sociológica del que sentencia.

Originariamente, Mergánsar fue una aldea manchega famosa por estar totalmente cubierta de encinares. Durante la revolución industrial la aldea abanderó incomprensiblemente la causa política de la provincia vecina, en su mayoría fabricantes de papel y agricultores. Deslumbrados por los beneficios que sus vecinos les ofrecían, los habitantes de Mergánsar se acoplaron de inmediato a sus reformas y promesas.

Pero a los pocos años, con la villa arrasada y ya sin el favor de sus benefactores, los habitantes de Mergánsar menguaron, y resignados, se trasladaron a las copas de las escasas encinas que sobrevivían en las montañas. Y ahí continúan, viviendo en cabañas con forma de gota, iluminándose de noche, a medio camino entre el nido del arrendajo y el brillo de la luciérnaga, comiendo bellotas y viviendo de su vergüenza.

DESLOR

abrev. de Desloor. Estado amniótico breve al que uno accede tras participar sensiblemente de un acceso de belleza.

Catálogo:

– ¿Pero qué te pasa, Marisa? ¿Estás bien?

– Ay, hija, no sé, es que me he visto al Javi montando a caballo y me ha dado un deslor que me quedado como sin saber sabiendo, ¿sabes?

ÑUBLO

Anat. Órgano independiente que se emplaza en el sistema límbico cerebral, más cerca del bulbo olfatorio que del Hipocampo. Está compuesto por doce neuronas sin núcleo enredadas entre sí y tiene el tamaño de un guisante.

Su función es doble. Por un lado se limita a almacenar sin registro los descalabros verbales recibidos que el neocórtex, en su afán de racionalizar las disputas, da por comprendidos. Por otro, cuando el tejido neuronal le informa en secreto de la proximidad de un nuevo jaleo, el ñublo se dilata despiadadamente produciendo una reacción en cadena que provoca el achicamiento del resto de órganos cerebrales, limitando las capacidades expresivas del individuo a balbuceos y aspavientos.

La neuróloga valencia Rosa Miracles expresa así la naturaleza del órgano: “Es un caprichoso. Hace como que no está y luego, zasca, adios. Ante una inflamación del ñublo no se puede hacer gran cosa. La falta de núcleo en las doce neuronas que lo componen imposibilitan el rastreo consciente del desequilibrio, y esto complica mucho la posibilidad de serenarse. Sobretodo porque las discusiones entre individuos no siempre suceden cara a cara, si no que, a veces, el cerebro se enzarza solito a discutir con ellos y, en estos casos, el ñublo, que filtra lo que le da la gana, también colecciona las afrentas, pero estas son unas afrentas imaginarias y, claro, por ahí no hay por donde tirar. El ñublo no almacena las faltas de respeto recibidas, o el descalabro verbal, como dice allá arriba, si no que almacena el recuerdo de lo que nosotros imaginamos que originó esa falta de respeto en el momento en el que la recibimos, casi nada. Parece una muñeca rusa, ¿verdad? En mi opinión, deberíamos extirparlas como hacemos con las muelas del juicio o el apéndice.

2. poét. Jurado inconsciente de las guerras íntimas.