De Cuaderno de las apariencias

XI

Si alguien arroja este poema contra la pared
Podrá ver a ras del suelo un ciento de espigas regadas,
Una pedacería de ecos petrificados,
Un jardín de heridas futuras.

Si alguien arroja este poema contra la pared
Podrá escuchar el quiebre de un sueño ajeno,
Mientras las letras, cristales enfurecidos,
Se internarán como abejas contra su ojo
Y vivirá con una cicatriz inexplicable en la mirada.

XIV

Inteligencia páramo de espejos.
En el interior de esta línea
Hay un hombre solo con una página en blanco.
Hay un hombre que con su dedo índice
Apunta al centro de su reflejo
Mientras se propaga,
Campo de diáfanas espigas,
Canto total de la sed,
La génesis de su laberinto.

XX

En el escenario de la retina
El ojo conjuga sus imágenes.
Somos aquellos que caminamos
Los territorios de la niebla,
Nunca somos los mismos.
Es otra luz la que toca
A las puertas de nuestras pupilas,
Es otra luz distante la del pasado
Que dibuja formas en la memoria.
Luz que vive tras su tumba.

XXI

Recordar es hacer arqueología
Sobre los territorios del eco,
Para encontrar belleza
En las ruinas de nuestras pasiones.
Por ejemplo,
Escribir en el recuerdo del vaso
La palabra vino
Y celebrar la inteligencia de lo incierto,
O escribir sobre el recuerdo del tablero
La palabra dado, y arrojar esa palabra
Con todo el impulso de sus dos sílabas.
Y seguir escribiendo
Sobre el recuerdo de la palabra árbol:
Sombra, otoño y pájaros,
Hasta que la palabra alfiler
Haga aletear todas las mariposas
Que traemos clavadas en el pecho.

XXVIII

Si alguien arroja este libro contra la pared
Escuchará los quejidos de una parvada de reflejos rotos,
Un murmullo de testimonios sacrificados por el olvido.