1. Imagine, amable lector, que es usted francés y vive allá por el año del señor de 1911. Su nombre es Marie o François y trabaja en una fábrica textil de la que sale cada semana con una exigua paga a repartir entre la manutención de sus hijos (viven en la granja de los abuelos, hasta que tengan edad para trabajar), algo de comida para usted y alcohol barato, que mitiga una infección bucal demasiado persistente. Los telares le han cercenado dos dedos y su traqueteo se le ha metido en la cabeza; lo oye incluso cuando duerme en la habitación cochambrosa que tiene alquilada. Yo sé que usted, mon semble, mon frère, aun busca un poco de sano entretenimiento que le ayude a pasar las horas de ocio. Y que, cuando no hay para unas copitas de anís aguado, no desdeña una buena lectura. Un libro que le distraiga en las tardes mientras pone los pies a remojo. Una buena historia que contenga emociones fuertes, valor, drama, horror, sangre, desmembramiento de burgueses, burlas a la policía y ajusticiamientos sádicos de representantes de las clases pudientes. Lo de la Bovary quizá está bien para las damas acomodadas, con sus bidets y sus enaguas, que pasan los días en ese extraño sopor de la vida moderna; pero no es para nosotros, mon amí. Nosotros queremos terror; y necesitamos crimen sin castigo; buscamos rabia en crudo y a precio bajo. Pues no busquemos más; todo eso y algo de deseo incestuoso y sexo sórdido y crueldad sádica y tortura lo encontramos en Fantômas.

2. De febrero de 1911 a setiembre de 1913 Marcel Allain y Pierre Souvestre dieron al público francés una novela de Fantômas cada cuatro semanas, puntuales como relojes y a un precio de 65 céntimos de franco (que debía ser poco para la época). La primera semana quedaban para delinear el argumento y repartirse los capítulos. Las dos siguientes dictaban a sus secretarias, se iban pasando los borradores y corregían los posibles errores de continuidad. La cuarta el editor echaba un vistazo, imprimía en el papel más barato que el hombre pueda imaginar y a las calles. Entrega tras entrega regalaron a su público una concatenación de escenas sangrientas, escapadas imposibles y abracadabrantes suplantaciones de personalidad con un éxito rotundo. Marcel Allain conoció a Pierre Souvestres al responder a un anuncio de éste pidiendo secretario. El tándem se asentó con rapidez, sus grandes bazas eran la escritura a destajo y la capacidad de plagio. De hecho, buscar los referentes de Fantômas es materia concerniente más al pleito que a la crítica literaria: el sableo de ideas tubo por victimas a Gastón Leroux, Maurice Leblanc, el personaje del inspector Lecoq, y un poco todo lo que se pusiera a tiro.

3. El triunfo de un personaje pulp no se cifra en la calidad intrínseca de los materiales de donde procede, sino en la capacidad vírica de apoderarse de un espacio en el imaginario colectivo de la gente. En el bosque primigenio de neuronas que tenemos en la cabeza Lady Macbeth es un árbol negro y amenazante; y nuestro personaje una planta de estramonio solazada a la sombra de su tronco, que se nutre de su savia malvada y expande sus esporas como una plaga. Si existiera una especie de disciplina como la botánica imaginaria, que permitiera una taxonomía de los personajes de ficción, podríamos apuntar una descripción de Fantômas más o menos como sigue:

Morfología: un hombre enmascarado, en frac y sombrero de copa.

Clasificación: genio más allá del bien y del mal, lúdico y nihilista, encarnación de la máxima de Crowley: Haz lo que quieras es la única ley.

Distribución: por todo el mundo, con especial adaptabilidad a la fauna mexicana, donde floreció una variante superheroica (de la que se encarga, entre muchas otras cosas, la columna vecina).

Reproducción: amplia, ha llegado a aparecer en canciones, en manifiestos e incluso en cuadros cubistas y surrealistas.

Relaciones con el medio: Fantômas es a la botánica imaginaria lo que el cocodrilo a la zoología, un superviviente de épocas pasadas, un fósil, un anacronismo. Algo así como una especie de titán abstracto y salvaje derrotado por un panteón olímpico de personajes de cómic coloristas y cercanos, cuyas cuitas nos parecen más llevaderas que las de sus antepasados. Aunque es en los textos todavía primitivos de esos titanes donde podemos encontrar la raíz de los posteriores universos de ficción popular: la repetición de patrones temáticos, de caracteres y escenas que se suceden siguiendo una regla de aumentativa. Un universo de ficción que se recrea a sí mismo en cada entrega, reviviendo para el lector la entrega anterior con un plus de sangre, de violencia, de caos, de horror. Como si los personajes fueran superhombres Nietzscheanos acomodados en el eterno retorno de lo mismo.

4. El tiempo es la medida de la fascinación. Lo que fue papel fresco de uso corriente se ha convertido en legajo valioso. Sucede lo mismo con los personajes pulp, que gozan hoy en día de vida renovada y atención erudita. Sus mitos y aventuras nutren obras como The League of Extraordinary Gentlemen, de Allan Moore y Kevin O’neill; o la línea Firts Wave, de DC comics, donde el personaje más insigne del pulp americano, Doc Savage, reina por derecho propio. Sobre esa fascinación se erige todo Planetary, protagonizado por un grupo de arqueólogos que rebuscan los vestigios de un pasado repleto de rayos de la muerte, vampiros, naves espaciales y hormigas gigantes.

Así que, amable lector, deja de imaginar que vives en el París de principios del siglo xx; recoge el guante que con elegancia te lanzamos desde este par de columnas vecinas y empieza a construir una bonita historia que involucre a tus más amados personajes, pon a los Micronautas y los Herculoides, acuérdate de Ana de las tejas verdes, piensa en Rom, caballero del espacio y esa pistola suya que parecía una estufa; y en Ultraman, Mazinger Z, y Alpha Flight con sus banderas del Canadá,y el Moscardon Verde, Bioman, las motos armadura de Robotech, el Llanero Solitario y Tonto, Sasuke el niño ninja, Abbot y Costelo, Pier Nodoyuna y su perro Patán; La Liga de la Justicia de Europa y Superlopez y el Señor de los Chupetes y los Madelman 2050 y Chopi y la princesa y la niña que le tocaba la ocarina al Capitán Harlock, y las armaduras de oro de los Caballeros del Zodiaco, David el Gnomo y la Superabuela y a todos los demás, juntos en el macroevento cósmico definitivo. Y no te olvides de incluir a Fantômas, hazlo por Allain y Souvestres.

En la próxima entrega de Tiro al Pato les hablaremos de otro tema que esperemos sea de su interés, o de Grant Morrison.