Imipramina

Yo que fui el lujurioso El enfermo
El insaciable Yazgo ahora marchito de salud
y condenado En perfecta estabilidad química Y miserable
de tanta felicidad enmascarada Ahhhhhhh No vengas a mí
Ya soy demasiado falsamente bueno para profanarte con la sucia lava
de mi intemperancia Duermo plácido en las noches sin que me atormente
tu imposible imagen Me levanto y hago bicicleta Desayuno un desayuno
equilibrado Y voy puntual a mi trabajo Aplazando deliberadamente
el pulso siempre insatisfecho Ya no vengas a mí
No vengas a mí que fumo menos y separo la basura inseparable de la vida
Que sonrío a las señoras con sus niños sin mirarles el escote Que bebo y vivo
ya ni la mitad de lo que antes Que limpio mi casa y yazgo en el tranquilo mar
de tu destierro Qué habría de decirte si vinieras Te volvería el rostro Te negaría tres veces antes que te despojaras la primera prenda Te pondría una y otra vez la otra mejilla
de mi tranquilidad desesperada Y miserablemente te hablaría Colmaría de palabras
el grito de tu desnudez contenida Hablaría Hablaría Hablaría hasta que tanto silencio roto
se te volviera insoportable Y apartando de mí tu cáliz tomaras el teléfono Mientras yo Crucificado en el ridículo de despacharte Inmaculada cuando llegaste Magdalena
Pondría entre tus manos ―claro, tras un beso― los 30 o más dineros para el taxi